Foro Economía y Negocios 2025 Forbes Colombia
Cuando la economía deja de ser solo una conversación sobre cifras
Por Wendy Sayago | GQI Media
En el Foro Economía y Negocios 2025 de Forbes Colombia, las cifras estuvieron sobre la mesa. Pero la verdadera lectura del evento estuvo en otra parte: en la confianza que despertaron ciertas voces, en la respuesta de la audiencia y en una sensación cada vez más evidente de que el liderazgo económico del país también se está midiendo en credibilidad, de cara a 2026.
Hay eventos en los que lo importante ocurre en el escenario. Y hay otros en los que la lectura más reveladora está en la sala. El Foro Economía y Negocios 2025, organizado por Forbes Colombia, tuvo algo de ambos. Fui buscando claridad sobre el panorama económico que se proyectaba para 2026, esperando escuchar señales, prioridades y perspectivas que ayudaran a entender el tono del año que venía. Y sí, hubo cifras, análisis y lecturas de contexto. Pero salí con una impresión más profunda: hoy, en Colombia, la economía ya no se está discutiendo solo en términos de crecimiento, inversión o productividad. Se está discutiendo, cada vez más, en términos de confianza.
Esa sensación empezó a tomar forma muy pronto. La conferencia de Bruce Mac Master estaba llena. Pero no se trataba solamente de ocupación. Había atención real. Escucha. Permanencia. Interés. En tiempos donde la inversión privada se ha convertido en una preocupación central y donde la estabilidad del entorno empresarial está bajo presión, Mac Master parece haberse consolidado como una de las voces que más credibilidad despierta dentro de esa conversación. Y eso no se mide solo por su rol o por su visibilidad pública. Se mide también por la forma en que una audiencia decide escuchar.
El contraste con otros momentos del evento fue inevitable. Varias conferencias del sector público tuvieron menor asistencia, especialmente cuando coincidían con speakers corporativos o gremiales. Nadie lo convirtió en tema. Nadie lo formuló abiertamente. Pero estaba ahí, visible para quien quisiera leerlo. Y deja una pregunta incómoda, aunque válida: ¿estamos frente a un desgaste de la narrativa pública o frente a una transferencia de confianza hacia las voces del sector privado? Tal vez sea prematuro afirmarlo con contundencia, pero como señal, pesa. En un foro de este nivel, la audiencia también vota. Y a veces vota con los pies, con la atención y con el tiempo que decide dedicarle a cada conversación.
Más allá de esa lectura, el contenido del evento dejó una conclusión bastante clara: 2026 no será un año simple. No se sintió un ambiente de euforia, ni de expansión agresiva, ni de optimismo liviano. El tono general fue mucho más sobrio. Más técnico. Más medido. Más consciente de la complejidad. Se habló de prudencia, sí, pero no en clave de inmovilidad. Se habló de prudencia como disciplina estratégica. Como capacidad de tomar decisiones en medio de información incompleta, ajustar con rapidez y sostener el rumbo sin comprometer la operación ni desgastar innecesariamente a los equipos.
Y quizá ahí está una de las claves de este momento: la incertidumbre ya no aparece como una disrupción temporal. Se siente como el nuevo entorno de gestión. Eso cambia la lógica de todo. Cambia la forma de liderar, de invertir, de planificar y de ejecutar. Ya no se trata solo de crecer. Se trata de sostener. De resistir con inteligencia. De operar con criterio en medio de un contexto que no ofrece garantías, pero sí exige consistencia.

En esa conversación, el papel de la empresa privada apareció con fuerza. No únicamente como motor de empleo o inversión, sino como actor de estabilidad en un entorno donde otras fuentes de confianza parecen haberse debilitado. Se repitió, desde distintos ángulos, una idea de fondo: hoy la empresa privada no solo necesita resultados. Necesita legitimidad. Necesita coherencia. Necesita credibilidad. Porque la confianza, aunque no figure de manera explícita en un estado financiero, empieza a comportarse como uno de los activos más determinantes del entorno actual. Y cuando ese activo se erosiona, el impacto va mucho más allá de la reputación.
También resultó interesante ver cómo el factor humano atravesó una conversación que, en teoría, estaba centrada en economía. No desde el terreno del discurso inspiracional, sino desde la realidad concreta de las organizaciones. Equipos cansados. Liderazgos intermedios sometidos a presión constante. Estrategias bien diseñadas que tropiezan no en la visión, sino en la capacidad de ejecución. En ese punto, el bienestar dejó de sonar como un complemento políticamente correcto y empezó a aparecer como lo que realmente es: una condición operativa del desempeño. No por moda. No por narrativa. Por necesidad. En escenarios de presión sostenida, las organizaciones que no entiendan la relación entre capacidad humana y ejecución van a empezar a pagar ese costo de forma cada vez más visible.
La conversación sobre tecnología también reflejó un cambio de madurez. Hubo referencias a inteligencia artificial, automatización y eficiencia, pero sin el entusiasmo exagerado que suele vaciar de contenido estos temas. El tono fue más útil que aspiracional. Más enfocado en aplicación que en espectáculo. Automatizar donde realmente duele. Medir mejor. Optimizar procesos. Tomar decisiones con mayor precisión. La lectura fue clara: la ventaja ya no está en repetir el discurso de la innovación, sino en saber dónde y cómo la tecnología puede producir valor real.
Y luego está el contexto del evento en sí. El evento se realizó en el JW Marriott Bogotá y, como suele ocurrir allí, la experiencia no falló. Puede parecer un detalle menor, pero no lo es. En entornos inciertos, la forma también comunica. La logística, el nivel de servicio, el orden, la ejecución, la consistencia del entorno. Todo eso construye una narrativa paralela. Y en un evento donde tanto se habló, explícita o implícitamente, de confianza, ese detalle tampoco pasa desapercibido.
Si tuviera que condensar en una sola idea lo que dejó este foro, sería esta: no fue un evento optimista, pero tampoco pesimista. Fue un evento realista. Y hoy, el realismo estratégico tiene más valor que cualquier promesa inflada. Porque de cara a 2026, no necesariamente gana quien más aparece o quien más habla. Gana quien logra sostener coherencia entre visión, ejecución y liderazgo. Gana quien entiende que la confianza no es un intangible decorativo, sino una forma concreta de ventaja competitiva.
Tal vez esa sea la conversación económica más importante del momento. No solo cuánto va a crecer el país en 2026, ni quién va a invertir más, sino quién va a ser capaz de sostener credibilidad en medio de la presión.
2026 no será el año de las promesas. Será el año de la credibilidad.


